Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y (ODS)

RSC en la “nueva normalidad”

En los últimos 20 años hemos asistido a un cambio en el sentir de las empresas que ha impulsado el crecimiento y desarrollo del concepto que conocemos como Responsabilidad Social Corporativa. Nunca antes en la historia se había aceptado de forma tan generalizada el papel que desempeña la empresa como organización en la sociedad más allá de la creación de riqueza y empleo.

La crisis sanitaria y económica que estamos viviendo propicia un momento ideal para el desarrollo de proyectos, iniciativas, políticas y protocolos dentro de las empresas dirigidos a promover un comportamiento más ético, sostenible y respetuoso con la sociedad y el medioambiente.

La responsabilidad social corporativa exige a día de hoy un compromiso real por parte de las empresas que va más allá del cumplimiento de la ley en materia de gestión medioambiental o integración laboral, por ejemplo. Forma parte de la propia estrategia de la organización y las convierte en entornos donde sus trabajadores quieren estar, crecer y sentirse orgullosos de pertenecer a una plantilla comprometida.

El impacto social y medioambiental que las empresas y organizaciones tienen en nuestro entorno es evidente. En este momento tan excepcional que estamos viviendo, ese impacto adquiere una relevancia aún más importante y extraordinaria. Por lo que resulta necesario el desarrollo de proyectos e iniciativas de carácter social desde el seno de las empresas.

¿Cómo puede ser una empresa socialmente responsable?

Las empresas y organizaciones tienen la posibilidad de contribuir de forma activa a la mejora de su entorno.  En un mundo globalizado como en el que vivimos, la atención en la persona y su entorno resulta fundamental para conseguir el desarrollo social y personal de los individuos contribuyendo a mejorar su calidad de vida.

Gestión medioambiental

La Norma ISO 14001 proponía ya por el año 2004 una serie de normas y protocolos encaminados a regir la gestión medioambiental de las una empresa con el fin de lograr una adecuada calidad de vida, previniendo y mitigando los posibles problemas ambientales derivados de una determinada actividad económica.

Hoy en día, la tendencia de responsabilidad social corporativa enfocada en el medioambiente y la sostenibilidad va más allá del control o la mitigación de los impactos de la empresa buscando nuevas formas de producción 100% sostenibles. Círculos de producción cerrados,  reciclaje, reutilización de recursos, etcétera, son algunas de las líneas a potenciar en este sentido. No hay que olvidar la importancia que tiene la comunicación y la formación de todo el capital humano que forma parte de la empresa para el correcto desarrollo de las medidas adoptadas por la organización.

Integración laboral

La Ley de Integración Social de Personas con Discapacidad de 1982 tuvo en su momento una gran trascendencia. Con ella se reconoció por primera vez el concepto de «dignidad» como elemento básico y fundamental de la igualdad de las personas con discapacidad. Esta Ley regula la obligación de las empresas de 50 trabajadores o más de reservar el 2% de su plantilla para personas con discapacidad.

Por su parte, las prácticas responsables y no discriminatorias de contratación forman parte de la Estrategia Europea de Empleo desde 2001.

Ahora bien, más allá del aspecto normativo, se ha demostrado que la incorporación de personas con dificultad de acceso al empleo en la plantilla de las empresas repercute en la productividad, la innovación, la captación de nuevos clientes, la fidelización de empleados, las relaciones personales y, por supuesto, en la reputación de la empresa.

Responsabilidad Social Corporativa e Igualdad

La igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres es clave para el desarrollo de una sociedad democrática.

La aprobación de la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres de 2007 supuso un refuerzo normativo para trabajar por la igualdad en el trabajo y para potenciar en términos de Responsabilidad Empresarial la eliminación de la discriminación entre mujeres y hombres.

De esta manera, la igualdad puede ser afrontada desde el punto de vista de la Responsabilidad Social Corporativa, tanto a nivel interno como externo.

A nivel interno con la eliminación de prejuicios, estereotipos, comportamientos sexistas… La apuesta por  la igualdad salarial, la eliminación del techo de cristal, la promoción de medidas de conciliación, etcétera.

Desde el punto de vista externo, además del efecto social de llevar a cabo una comunicación empresarial integradora y no sexista que sea motor de la igualdad, se puede:

  • establecer alianzas o participar con grupos de la comunidad;
  • patrocinar y promover actividades deportivas o culturales;
  • crear pactos locales para avanzar en igualdad;
  • exigir a proveedores, socios, o cualquier entidad con la que nos relacionemos a lo largo de la cadena de producción, que se impliquen con las políticas de desarrollo de la igualdad implantadas por la empresa.

Salud y bienestar de los trabajadores

Otra de las líneas claves a desarrollar dentro de la responsabilidad social corporativa de una organización es la salud y la calidad de vida de sus trabajadores.

Más allá del cumplimiento de la ley en materia de seguridad e higiene en el trabajo y de prevención de riesgos laborales, se trata de apostar por medidas que favorezcan la salud, el bienestar y la calidad de vida de los trabajadores.

En este sentido, destacan ejemplos dirigidos a actuar directamente en la salud de los empleados: como la creación de menús saludables en los comedores de la empresa, la formación directa al personal sobre salud, riesgos y conductas no saludables (como el tabaquismo), el fomento de prácticas saludables como el deporte o el ejercicio…

Otra forma de trabajar en la salud y la calidad de vida desde la empresa consiste en el apoyo a organismos, instituciones o iniciativas relacionadas con la salud: la lucha contra el cáncer, la investigación  médica, fundaciones y asociaciones de enfermos… Además del patrocinio, se crean nuevas fórmulas como la organización de talleres, eventos deportivos, actividades de participación, voluntariado, etcétera.

Fuente: Fundación Asispa

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